Etiopía, el estado independiente más antiguo de África y que presume de no haber sido nunca colonizado.
Viajando por este inmenso país además de una sensación de haber viajado al pasado por lo que vemos a nuestro alrededor, dado su especial calendario, por su diferente forma de contar el tiempo, nos encontramos a siete años del nuestro.
Una mezcla de modernidad y tradición que convierte al país en un viaje al pasado, donde la cultura, el tiempo y la historia convergen de manera fascinante.
La razón de este cambio de fecha radica en el uso del calendario etíope, un sistema basado en los cálculos de la Iglesia Copta que difiere en casi ocho años del calendario gregoriano utilizado por la mayoría de los países. Este calendario también divide el año en 13 meses: 12 de 30 días y un mes extra de 5 o 6 días, dependiendo de si es año bisiesto. De este modo, mientras gran parte del mundo está en 2025, los etíopes se sitúan en 2017.
Dentro de este extenso y variado país hoy daremos una vuelta por Lalibela.
Lalibela es la joya de Etiopía, las iglesias más famosas se encuentran en este lugar y es el escenario de las ceremonias religiosas más importantes.
Las iglesias están excavadas bajo el nivel del suelo y rodeadas de trincheras y patios, y posiblemente sean la principal atracción del país. Están conectadas entre sí por un complejo laberinto de túneles y pasadizos. Situadas en una región montañosa del corazón de Etiopía, en las proximidades de una aldea tradicional de casas redondas, las once iglesias medievales de esta “Nueva Jerusalén” del siglo XIII (Unesco, 1979) fueron excavadas y esculpidas en la roca. Lugar sagrado de la cristiandad etíope, Lalibela sigue siendo hoy en día un centro de devoción y peregrinación.
De entre todas las iglesias destaca, Bete Amanuel, un monolito de 11 metros de altura considerado por los historiadores del arte como la iglesia más fina y trabajada con mayor detalle en Lalibela, posiblemente porque era el templo privado de la familia real.
La celebración del Timkat es su gran fiesta religiosa. En la tarde del primer día de la celebración de Timkat, el Tabot (símbolo del Arca de la Alianza que contiene los Diez Mandamientos) se saca de los monasterios con una gran procesión. Todos los monjes agitan sistros (campanas religiosas) y soplan cuernos de carnero. Uno de los sacerdotes sostiene el Tabot sobre su cabeza escondido en capas de terciopelo de colores, para esconderlo de las miradas de los infieles. La procesión culminará en un gran espacio abierto donde se custodiarán todos los Tabot dentro de una carpa ceremonial especial. Los sacerdotes y los monjes harán vigilia toda la noche. Multitud de fieles pernoctarán en los alrededores, para estar cerca de los Tabot. Se entretendrán comiendo y bebiendo junto a las hogueras, todos vestidos de blanco, en señal de purificación.